El canibalismo en la cultura Mexica

“En ningún otro lugar del mundo se había desarrollado una religión patrocinada por el estado, cuyo arte, arquitectura y ritual estuvieran tan profundamente dominados por la violencia, la corrupción, la muerte y la enfermedad. En ningún otro sitio los muros y las plazas de los grandes templos y palacios estaban reservados para una exhibición tan concentrada de mandíbulas, colmillos, manos, garras, huesos y cráneos boquiabiertos”. En muchos lugares del planeta el canibalismo era frecuente, con mayor o menor intensidad, algunas veces sólo como ritual de guerra (comer enemigos), otras como ritual de muerte (comer familiares), pero sólo en Mesoamérica existió un estado que patrocinaba el canibalismo. Todos los días se sacrificaban cuerpos humanos, y las grandes bajadas lisas de las pirámides y montículos tenían como fin conducir al cuerpo muerto hasta donde eran partidos en pedazos (se supone que por sacerdotes) y repartidos entre la nobleza o el pueblo; los grandes historiadores de mesoámerica lo corroboran (Fray Bernardino de Sahún, Diego Durán).

Los aztecas avanzaban sobre sus enemigos como cazando presas de alimento. Sin embargo se sacrificaban solamente hombres, prisioneros de guerra o esclavos; las mujeres eran sacrificadas solo ocasionalmente y se las trataba bien, pues representaban el papel de diosa. Después de hacerlo reverenciar al sol, con un cuchillo de obsidiana, el rey o algún sacerdote de rango extraía su corazón palpitante, se lo mostraba al sol con su brazo extendido; depositado en un recipiente, la sangre del corazón también era rociada en dirección al sol. A veces al prisionero se le daba el privilegio de luchar antes de su muerte, en una lucha siempre bastante desigual, como si sólo un milagro o una fuerza sobrenatural pudiese salvarlo (amarrado a una piedra central, debía enfrentar uno a uno a cuatro guerreros igual de armados que él).

En muchos otros lugares del planeta se practicaba el canibalismo. La tortura del prisionero era algo más o menos frecuente, torturas muy crueles en algunos casos. Pero también existía en las agrupaciones caníbales pre-estatales la costumbre de mimar a la víctima, engordarla, darle mujeres (sobretodo cuando la captura de prisioneros no era muy frecuente). La gran pregunta del porqué no esclavizaban a sus víctimas (porque la esclavitud parece ser patrimonio predominante de las sociedades estatales) se responde afirmando que no existía ni la riqueza ni el sistema productivo y productivista de las sociedades estatales. La tortura es explicada como “matar mil veces” a la víctima, como una manera de vengarse en él de todo su pueblo, pero también porque la tortura fue siempre un gran espectáculo, “un entretenimiento” en muchas culturas; al mismo tiempo como didáctico: “éstas sociedades tenían que enseñar a sus jóvenes a mostrarse implacablemente brutales con sus enemigos en el campo de batalla. Es más fácil aprender estas lecciones cuando se comprende que el enemigo le hará a uno lo que uno le ha hecho a él en el caso de caer en sus manos”.

Teorías antropológicas han propuesto la teoría del canibalismo y el sacrificio institucional (entre los aztecas podían llegar a sacrificarse miles de un humanos en unos pocos días) como una medida de control poblacional. Pero Harris la desmiente argumentando que matando hombres no se saca nada; si de verdad el fin era el control poblacional se habrían sacrificado sobretodo mujeres (sin mujeres, o con pocas mujeres, no podría haber sobrepoblación). Harris está más bien de acuerdo con la teoría del canibalismo institucional y sistemático como necesidad protéica (teoría de Harner). El ecosistema mesoamericano proveía nulas fuentes de proteína animal y la proteína vegetal pareció ser siempre insuficiente. “Los ancianos, … reclamaban el cadáver y lo llevaban nuevamente al recinto del propietario (por que cada sacrificado tenía un dueño) donde lo cortaban y preparaban los miembros para cocinarlo; la receta favorita era un estofado condimentado con pimientos y tomates. De Shagún afirma que ponían flores aromáticas en la carne. También sostiene que los sacerdotes recogían la sangre en una vasija de calabaza y se la entregaban al propietario. Sabemos que el corazón era colocado en un brasero y quemado junto con incienso copal, aunque no está claro si se convertía o no en cenizas…el cráneo terminaba exhibido… el tronco (despostado) era arrojado a los mamíferos, a las aves y a las serpientes carnívoras del zoológico real (después de haber alimentado a los numerosos integrantes humanos del zoo)”.

“¿Porqué sólo en Mesoamérica los dioses alentaron el canibalismo? Como propone Harner, creo que debemos buscar la respuesta tanto en los agotamientos específicos del ecosistema mesoamericano bajo el impacto de los siglos de intensificación y de crecimiento demográfico, como en los costos y beneficios de utilizar carne humana como fuente de proteínas animales a falta de opciones más baratas…Si este análisis es el correcto, debemos considerar sus implicaciones inversas, es decir, que la disponibilidad de especies animales domesticadas jugó un papel importante en la prohibición del canibalismo y en el desarrollo de religiones de amor y misericordia en los estados e imperios del viejo Mundo”.

El canibalismo era una actividad sistemática y ritual en el México prehispánico y durante el Neolítico prácticamente en toda Europa, según ha constatado un equipo de antropólogos tras el estudio de las marcas que su práctica dejaba en los huesos humanos.

Así lo explicó el director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad española de Granada, Miguel Botella, que efectúa esta investigación en colaboración con expertos de la Universidad Autónoma de México y el Instituto de Antropología mexicano.

Desde finales del 3,000 al 2,500 antes de Cristo, el canibalismo era común en toda la cuenca mediterránea europea y en Finlandia, y la carne de los fallecidos se tomaba tras hervirla unas tres o cuatro horas, “tal vez para asimilar sus características”, dijo Botella. Los huesos estudiados, con marcas de cuchillos y de dientes humanos y procedentes de hombres, mujeres y niños, aparecieron en basureros mezclados con restos de los animales que conformaban su dieta, lo que constata el canibalismo en el Neolítico, especialmente en un periodo del que apenas se han encontrado sepulturas.

Sólo en Granada se han encontrado 11 lugares donde esta práctica era “habitual”, pero también son numerosos en la fachada mediterránea del resto de España y en Europa.

En cuanto a las culturas mesoamericanas, los más de 20 mil restos óseos estudiados por estos expertos han demostrado que el canibalismo era “sistemático” en toda América, lo que “posiblemente indica que lo llevaron los humanos que pasaron el estrecho de Bering cuando ocuparon el continente por primera vez”.

El antropólogo señaló que en el México prehispánico, tras los sacrificios rituales en los que se ofrecían los corazones de la víctima a las deidades, el resto del cuerpo se cocía con maíz y era repartido entre todos los participantes en el acto “como en la comunión cristiana” o sólo entre determinados sacerdotes.

“Ocurría como en las actuales corridas de toros, donde todo sigue un ritual, pero una vez que muere, el animal es carne”, manifestó Botella.

En la investigación se han recabado recetas de cocina de carne humana que recogieron los frailes españoles durante su labor evangelizadora tras la Conquista, que señalan que nunca se tomaba asada y que era habitual añadirla al pozole, un guiso típico mexicano en el que hoy se usa carne de cerdo o de pollo.

Según el testimonio de uno de estos frailes, la carne humana “sabía como la del cerdo”, de ahí que, tras ser prohibido su consumo durante la cristianización de los indígenas, fuera sustituida por el puerco.

La manipulación de los cuerpos humanos para su ingesta —cortes, desuello, descarnado o cocción, entre otros— dejó marcas en los huesos, analizados por estos expertos, que han permitido determinar “la metodología utilizada en lo que constituían acontecimientos ritualizados”.

Botella subrayó que es “interesantísimo” comprobar que las descripciones de estos rituales por parte de los frailes españoles “corresponden con las marcas de los huesos estudiados”. El equipo de investigadores, que lleva 10 años en este estudio, trabaja ahora en “unir las celebraciones de las que hablan los frailes españoles con las evidencias de canibalismo”.

Otra muestra de que el canibalismo era “sistemático” es que este antropólogo ha estudiado en la ciudad mexicana de Guadalajara más de dos mil herramientas hechas con huesos humanos, desde punzones a arpones pasando por instrumentos musicales, lo que evidencia “una industria artesana establecida”. Es decir, el cuerpo humano no sólo sirvió para alimentar a esos pueblos, sino que generó una industria del hueso, que era considerado “el mejor material para las herramientas”.

Basado en:
Caníbales y Reyes. Los orígenes de la cultura.
Marvin Harris

Acerca de Héctor Valadez
Estudiante de Historia que ya estudió Derecho, Filosofía y Psicología. Profesor de Geografía, Historia y Formación cívica y ética en el Centro Educativo Juan Sebastián Bach

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