CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LA NUEVA ESPAÑA

El auge económico de la nueva España se dio sobre todo a partir de 1740, lo podemos constatar con algunas fechas interesantes, por ejemplo en 1742 había en la nueva España una población con de poco mas de 3 millones 300 mil habitantes, esta cifra casi se duplicó para 1810, la producción minera era seis veces mayor en 1810 que la que era a finales del siglo xvii, por supuesto toda esta actividad económica generó también una mayor  derrama de impuestos de manera que nueva España se convirtió en la más rica de España y la que mas ingresos generaba.

EL FLORECIMIENTO DE LAS CIUDADES:

A finales del siglo xvi y principios del XVII ciudades en la nueva España como México pueblo de os ángeles ante que era hoy Oaxaca Valladolid hoy Morelia ciudad real hoy san Cristóbal de las casas y Guadalajara se convirtieron en importantes centros financieros, económicos, políticos, religiosos y culturales.

Durante la época de los monarcas borbones en España, se dio mucha importancia en la nueva España al desarrollo de las obras públicas para las ciudades, por ejemplo en que hubiera servicios públicos como agua, alumbrado, drenaje y calles empedradas al servicio de los habitantes de estas ciudades. Como la minería era una actividad que generaba tantos recursos para la colonia como para España, los monarcas de la casa de Borbón se dieron a la tarea de explotarla aun más, se introdujeron técnicas nuevas de explotación de los metales, por ejemplo el uso de la pólvora para ampliar los túneles y los tiros de las minas, se crearon compañías que brindaron recursos para explotar las minas y también se generó la  inversión de capitales de los comerciantes que estaban interesados en incursionar en el negocio de la minería. Todo esto por supuesto con el apoyo de la casa de Borbón en España.

Para 1800 había en la nueva España alrededor de 3 mil minas en explotación que generaban enormes riquezas para la colonia y para España. La agricultura también comenzó a ser una actividad de cierta importancia en la nueva España, sin embargo dependía por supuesto del clima para prosperar, como recordarás en el bloque 1 estudiamos que desde mediados del siglo XVI s estableció el sistema de flotas para proteger de los piratas a las embarcaciones que salían de nueva España con rumbo al viejo continente cargadas de mercancías, este sistema permitía el intercambio comercial entre nueva España y el puerto de Cádiz en España.

En 1778, Carlos III dictaminó la pragmática de comercio libre con esto se permitió que otros puertos de España intercambiaran mercancía con la nueva España, esto trajo como resultado que de nueva cuenta que en nueva España comenzó una gran abundancia de productos europeos, como ya había tantas mercancías españolas, los mercados se saturaron, los precios bajaron y también disminuyeron las ganancias de los comerciantes. El mercado interno, esto es el uso y consumo de los productos fabricados en el mismo país se fortaleció y el monopolio comercial entró en decadencia.

Monopolio comercial es lo que sucede cuando una sola persona o grupo o empresa, controla la mayor parte de las actividades comerciales en algún rubro determinado.

Como ya hemos estudiado, la minería fue una de las actividades más importantes de la nueva España y generó enormes riquezas, podemos mencionar entre los hombres mineros más ricos, dueños de minas a Pedro Romero de Terreros y a José de la Borda. Con sus riquezas Romero de Terreros quien era propietario de las minas de Real de Monte, financió conventos y colegios y fundó lo que hoy es el Nacional Monte de Piedad, una casa de empeño y préstamos para personas de escasos recursos. José de la Borda era conocido por capturar indígenas en sus aldeas y conducirlos encadenados hasta sus minas donde debían de  trabajar vigilados por capataces y a veces hasta desmayarse del cansancio, por otro lado construyó en Cuernavaca un jardín que lleva su nombre y en Taxco invirtió una fuerte cantidad de dinero para edificar la iglesia  de santa Prisca.

LOS INICIOS DE LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL EN NUEVA ESPAÑA.

A pesar de que la corona española deseaba fervientemente impedir el desarrollo industrial de nueva España para que siguiera siendo dependiente de las importaciones que llegaban del viejo continente, en el siglo XVIII hubo un importante desarrollo de la industria manufacturera de hilados de lana y algodón. La producción textil estaba a cargo de los talleres artesanales  y de los obrajes.

Los talleres eran controlados por los gremios que eran corporaciones que incluían a maestros y aprendices principalmente pero también oficiales y estas organizaciones eran quienes determinaban los salarios, las jornadas de trabajo, los precios y las especificaciones que debían tener los productos textiles. También se encargaban de que nadie ejerciera esta profesión fuera del gremio.

Los obrajes eran construcciones muy parecidos a las cárceles de aquella época, adaptadas para el trabajo de la manufactura, quienes trabajaban en los obrajes eran presos pero también trabajadores asalariados, las principales manufacturas que se llevaban a cabo en los obrajes eran las textiles. La producción textil se utilizaba principalmente para el consumo interno, se enviaban las prendas fabricadas a las ciudades a las haciendas y a las minas.

LA PREMINENCIA DEL BAJÍO.

El Bajío es a lo que se le conoce a la fértil planicie que abarca los estados actuales de Michoacán, Guanajuato y Querétaro, en el siglo XVII esta zona comenzó a ser cada vez más atractiva para las inversiones que buscaban la explotación de minas y la fundación de haciendas. Esta zona comenzó a poblarse rápidamente y como consecuencia se establecieron ranchos agrícolas y ganaderos para poder cubrir la demanda de alimentos de la creciente población.-

En el siglo XVIII, esas rancherías y comunidades agrícolas se fueron convirtiendo en ciudades, las ciudades que hoy son Silao, Irapuato, Celaya, Salamanca y León entre otras, y también se comenzaron a instalar en esas ciudades talleres textiles y obrajes.

LA OCUPACIÓN DE TEXAS, TAMAULIPAS Y LAS CALIFORNIAS

En el siglo XVIII la parte de norte de la nueva España era rica en minas y ganado, sin embargo estaba muy lejos del centro y era muy difícil su control por parte de los españoles. En la segunda mitad de este siglo, el gobierno español estableció en Texas y en las dos californias presidios y misiones, los presidios eran una especie de fortificación con guarniciones de soldados destinados a proteger la zona. ¿De quién tenían que protegerse? Pues de la invasión de los indios nómadas, de la penetración de los rusos por el pacífico y de los franceses y anglosajones por el golfo de México.

A partir de 1750, los españoles pudieron concretar la ocupación de Tamaulipas que hasta entonces se había resistido a la penetración española, este territorio recibió el nombre de provincia de nuevo Santander y José de Escandón quien fuera un militar a quien el gobierno español le había encomendado la conquista, colonización y pacificación del territorio se convirtió en su primer gobernador.

EL ENFRENTAMIENTO CON LOS INDIOS DE LAS PRADERAS DE NORTE AMÉRICA

Como ya hemos comentado desde finales del siglo XVIII la corona española estableció presidios en el norte de la nueva España desde Sonora y hasta Texas, los habitantes de la provincia de Nueva Vizcaya, que incluían los estados que hoy son Durango, Sinaloa Sonora y Chihuahua, durante un tiempo vivieron en paz con los indios apaches, sin embargo un conflicto entre estos y los indios comanches vino a cambiar la situación, en 1748 los comanches que eran una etnia de Nuevo México, expulsaron a los apaches de ese territorio, esta situación fue muy grave para los apaches ya que de pronto fueron despojados de la zona de caza del bisonte que constituía el elemento principal para su subsistencia. Los apaches emigraron entonces hacia el sur y comenzaron a alimentarse del ganado de los españoles, en ocasiones saqueando las poblaciones y matando gentes.

La corona española tomó diversas medidas para enfrentar la situación por un lado intentaron establecer alianzas, también enviaron más soldados a los presidios para poder controlar mejor la situación, fomentaron el divisionismo entre las tribus, esto es que los indios apaches no estuvieran unidos para que no fueran tan fuertes al enfrentarse a los españoles y además fomentaron el uso del alcohol, de esta manera creaban una dependencia de los apaches hacia los productos de la nueva España.

Sistema de castas en la Nueva España

Las castas coloniales hacen referencias a un sistema de estratificación social que tuvo su aparición en las colonias de España en América y Filipinas, a partir del siglo XVIII. Un sistema de Castas es una forma particular de estratificación caracterizada por varios rasgos estructurales específicos (rigidez del sistema, pertenecía a una casta por nacimiento, imposibilidad de cambiar de casta, endogamia, jerarquía absoluta de castas en todos los campos, particularmente en el sistema de valores). Tuvo su origen en el temor de los grupos más privilegiados de la antigua dicotomía de españoles e indios, por la progresiva ganancia de derechos y poder político o económico de parte de un número cada vez mayor de población mestiza.

El Imperio español impuso un sistema de castas en sus colonias de América y Filipinas. Para emigrar a América los españoles ingresaban al sistema de limpieza de sangre, se trata de un sistema de discriminación de base teológica y aristotélica. Algunos estudiosos han considerado que el sistema de castas del Imperio Español aplicado entre los siglos XVI y XIX, fue uno de los antecedentes del racismo europeo moderno científico, surgido en el siglo XIX. Otros investigadores han negado que la doctrina española de la limpieza de sangre tuviera alguna influencia en el racismo europeo. El sistema de estratificación colonial clasificaba a las personas en tres «razas»: blanca o española, indígena y negra. La sangre de las personas de cada grupo era «limpia», pero si un hombre y una mujer de diferentes «razas» engendraban un hijo, la sangre de este se vería «mezclada». Debido a ello, en el sistema colonial español, el término «cruzas» designaba a los grupos e individuos con «sangre mezclada» a consecuencia del sexo interracial.

La legislación imperial española clasificó a su vez a los individuos en diversos tipos de «castas» o «cruzas», definidas según las «razas» o «cruzas» que se le atribuían a sus antepasados. Los derechos que le correspondían a cada persona estaban estrictamente determinados por su clasificación en una «raza» o una «casta», considerándose superior al español peninsular (nacido en la península ibérica) y en el lugar más «bajo», al esclavo secuestrado en África.

Principales castas o cruzas en las colonias españolas

Las principales castas o cruzas eran:

Las principales castas o cruzas eran:

Castas de origen Casta resultante
español indígena mestizo
indio negra zambo
negro zamba zambo prieto
español negra mulato
mulata español morisco
español morisca albino
albino español saltatrás
indio mestizo coyote
español coyote harnizo
coyote indio chamizo
chino india cambujo
cambujo india tente en el aire
mulato tente en el aire albarazado

Estas principales castas eran las que más frecuentemente aparecen en los documentos legales, como registros de bautismos, casamientos o fallecimientos. Durante el virreinato se llevaba un registro preciso de las castas, cuya importancia llevaba aparejadas discriminaciones o ventajas sociales, al grado de una persona intentaba ser clasificado como una casta más valorizada. A fines del siglo XVIII llegó a ser posible pagar para recibir una gracia al sacar para ser clasificado como blanco en los registros.

Una multitud de otros nombres existían en el lenguaje popular, y en particular en las pinturas de castas, para otras mezclas más complejas. No había consenso sobre sus definiciones, y varias se pueden encontrar en listas y en las pinturas de casta novohispanas. Pero lo que sí estaba de acuerdo era que las mezcla de indígena y español eventual produciría un español, si se seguía introduciendo «sangre blanca» en cada generación.

El blanqueamiento no se aceptaba para la «raza» negra. Por ejemplo, un torna atrás era una persona nacida de la unión sexual de dos «blancos», pero que tenía características fenotípicas de «negro». Esto era porque la sociedad hispanoamericana colonial asociaba un atavismo (eso es a decir, tendencia a reproducir tipos originales) a los negros. El miedo era que no importaba cuántas generaciones de «blancos» una persona podía tener: si finalmente un abuelo o bisabuelo había sido «negro» o «indio», los rasgos raciales negros o indígenas volvían a aflorar en sus descendientes en mayor o menor medida, ya en los rasgos del rostro, el color de la piel, la forma del cabello, incluso en la contextura corporal. Este racismo llegaría a intentar definir las tantas «mezclas» como personas había, aplicando para ello decenas de nombres para todo tipo de «resultados» surgidos, lo cual llevó al manejo de definiciones múltiples. Por ejemplo, «chino» era comúnmente definido como se menciona arriba; sin embargo, «chino» también se definía como hijo de torna atrás y de india. Este «chino», por su parte, daba nacimiento al lobo, si se emparejaba con una mulata. El lobo y otra mulata engendraban al jíbaro. Adicionalmente, se denominabacuarterones o quinterones a aquellas personas que tenían una cuarta o quinta parte de sangre africana o indígena, pero con aspecto bastante “blanco”. Varias listas existen de estas castas, en particular de las pinturas de castas.

Dos ejemplos de estas listas son:

         De español e india, mestizo.

         De indio con negra, zambo.

         De negro con zamba, zambo prieto.

         De zambo con india, chino.

         De español con negra, mulato.

         De mulata con blanco, morisco.

         De español con morisca, albino.

         De español con mestizo, castizo.

         De albino con blanca, salta atrás (uno de los miembros tenía que tener abuelo o bisabuelo negro).

         De indio con mestizo, coyote (también se denomina cholo).

         De mulato con india, chino.

         De español con coyote, harnizo.

         De coyote con indio, chamizo.

         De chino con india, cambujo.

         De salta atrás con mulato, lobo.

         De lobo con china, gilvaro.

         De gilvaro con mulata, albarazado.

         De albarazado con negra, cambujo.

         De cambujo con india, sambaigo.

         De sambaigo con loba, campamulato.

En Hecatonquiros:

         De español e india nace mestizo.

         De mestizo y español, castizo.

         De castiza y español, español.

         De española y negro, mulato.

         De español y mulato, morisco.

         De español y morisca, albino.

         De español y albino, torna atrás.

         De indio y torna atrás, lobo.

         De lobo e india, zambazo.

         De zambazo e india, cambujo.

         De cambujo y mulata, albarazado.

         De albarazado y mulata, barcino.

         De barcino y mulata, coyote.

         De coyote e india, chamizo.

         De chamizo y mestiza, coyote mestizo.

         De coyote y mestizo, chango.

Integradora 2

Las innovaciones en la educación

Es un tema de interés general y sobre todo para quienes buscamos en algún momento laborar en el ámbito de la docencia, la búsqueda de esa innovación no solo tecnológica sino de la forma de impartir la sesión de clase, cambiar el sistema educativo comenzando con nosotros mismos y nuestras clases,que el dinamismo sea mayor.  Buscar el método de enseñanza apropiado para la clase, pues los tipos de enseñanza tienen demasiada importancia de acuerdo a la forma de aprender de cada uno de los alumnos.

Las TICs tienen una importancia grande en la innovación de la educación, pues proporcionan herramientas tecnológicas son de mucha ayuda para el pronto y mejor aprendizaje proporcionando facilidad y dinamismo tanto para el docente como para el alumno.

Leer las reflexiones de mis compañeros me ha brindado la oportunidad de ampliar mi horizonte, la revisión de las diferentes ideas que proporcionan me ayudar tener un mayor conocimiento y perspectivas de lo que los alumnos puedan necesitar o bien cuales puedan ser las mejores para los alumnos.

En esta ocasión creo llegar a cumplir con los objetivos que marca el curso, primeramente al cumplir con las tareas y trabajos que se requieren además de poner en práctica todo cuanto sugieren para el mejor aprendizaje con mis alumnos, buscando la mejor forma compartir con ellos la enseñanza para que desarrollen su aprendizaje

Reseña de “Las batallas en el desierto” de José Emilio Pacheco

UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

  Héctor Paúl Ayala Valadez

CENTRO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

DEPARTAMENTO DE HISTORIA

ANALISIS VALORATIVO DEL TEXTO:

“LAS BATALLAS EN EL DESIERTO”

DE JOSÉ EMILIO PACHECO

 

 

HÉCTOR PAÚL AYALA VALADEZ

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ANALISIS VALORATIVO DE TEXTOS

LICENCIATURA EN HISTORIA

DICIEMBRE 2012

 

  1. 1.    ANÁLISIS SOCIOHISTÓRICO – CONTEXTUALIZACIÓN

 

Las Batallas en el desierto, una novela histórica.

 

José Emilio Pacheco, el autor de esta novela, es contemporáneo a los hechos relatos en ella, por lo cual se puede llegar a la conclusión de que este es un texto lectura, aunque en lo personal me atrevo a indicar que puede ser de textos varios, ya que presenta manifestaciones ideológicas desde filosófica, política incluso religiosas aunque en ninguna de ellas profundice demasiado.

Su origen privado se debe a que es un texto de vivencias personales, sobretodo biográfico del autor. Extraído de las recónditas memorias de un escritor y pensador mexicano sin dejar de lado su naturaleza narrativa.

Desarrollada durante el año de 1948, es la historia de un niño de clase media llamado Carlos, que se ve enmarcada en su contexto social y político; describe los problemas del gobierno de Miguel Alemán, la influencia en la cultura popular proveniente de Estados Unidos, así como la moral ambivalente del México de las décadas de los 40’s. Esto quiere decir que la historia se desenvuelve de manera lineal, iniciando a finales de 1940 y continua su secuencia cronológica hasta los años sesenta, que Carlos regresa a México en búsqueda de Mariana.

José Emilio Pacheco

 

Poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano, cuya cultura literaria y sensibilidad poética lo convirtieron en uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del Medio Siglo.

Estudió derecho y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y allí comenzó a colaborar con la revista Medio Siglo. Más tarde formó parte de la dirección del suplemento Ramas Nuevas de la revista Estaciones, junto a otro reconocido autor mexicano, Carlos Monsiváis, y de la redacción de la Revista de la UNAM. Fue asimismo jefe de redacción del suplemento México en la Cultura, en colaboración con Fernando Benítez.

Profesor en varias universidades de México, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, se dedicó también a la investigación en el Departamento de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); como resultado de esta labor de investigación y reconstrucción de la vida cultural mexicana de los siglos XIX y XX, publicó numerosas ediciones y antologías. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán y ruso.

Pacheco se caracteriza por su uso de un lenguaje coloquial y simple en sus obras. Batallas en el desierto fue escrita en 1981mismo año en que fue publicada. Pacheco recibido varios premios entre los que caben citarse: Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1992 y el José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995. Formó parte de la “Generación del ‘50” junto a otros escritores como Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde y Sergio Pitol. Ha sido docente en diversas universidades del mundo e investigador del INAH; actualmente es miembro del Colegio Nacional desde 1986.

Durante la FIL 2009 llevada a cabo en Guadalajara, Jalisco, se presento José Emilio Pacheco, acompañado del escritor Xavier Velazco, para recibir el premio “Cervantes de literatura” de ese mismo año, de manos del presidente de la FIL Raúl Padilla López.

En este evento José Emilio, como prefirió que lo llamaran y así evitar el “usted”, confesó que su inspiración para escribir Batallas en el Desierto fue un motivo inconsciente, tomando como base únicamente los recuerdos infantiles, los amores trágicos que no tienen esperanza y así crear una historia con una época y ambiente histórico que sí existió y que marcó la vida de todo un país.

Reflejar la vida cotidiana y precisar los hechos para contar una historia, es lo que pasa por la mente de José Emilio Pacheco cuando escribe: “Es la necesidad humana de la relación. La literatura te ordena las ideas al momento de querer expresarlas”. Comenzó a escribir “antes de saber escribir”, al darse cuenta que era torpe para algunas cosas y al paso de los años descubrió que sólo se puede “escribir lo que lee”.

Identificarse con lo que lee es la motivación que lo impulsa a seguir escribiendo y recordar en cada línea que el “amor” siempre estará presente en la literatura. “El amor es como una enfermedad y en estos tiempos el amor no tiene respuesta”, aseguró José Emilio Pacheco, al ser cuestionado sobre el significado que tiene este sentimiento en su vida diaria.

Pacheco, con su gran trayectoria ha logrado posicionarse como uno de los mejores escritores mexicanos  de todo América. Estas son sus obras por año, comenzando de la última hacia la primera.

 

  • Álbum de Zoología 2012   
  • Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) 2010 
  • Los días que no se nombran 2010
  • Como la lluvia 2009 
  • La edad de las tinieblas 2009 
  • Gota de lluvia y otros poemas para niños y jóvenes 2005 
  • En resumidas cuentas 2004 
  • Siglo pasado 2000 La arena errante. Poemas 1992-1998 1999 
  • El silencio de la luna 1995   
  • Ciudad de la memoria 1989 
  • Los trabajos del mar 1983   
  • Las batallas en el desierto 1981 (2010)   
  • Desde entonces 1980
  • Tarde o temprano 1980
  • Islas a la deriva 1976 
  • Irás y no volverás 1973   
  • El principio del placer y otros cuentos 1972 (2010) 
  • Antología del modernismo (1884-1921) 1970
  • No me preguntes cómo pasa el tiempo 1969
  • Morirás lejos 1967
  • El reposo del fuego 1966  
  • El viento distante y otros relatos 1963 
  • Los elementos de la noche 1963   
  • La sangre de Medusa y otros cuentos marginales 1959

 

  1. 2.    INTERPRETACIÓN

Sus aspectos externos

 

La historia de “batallas en el desierto” es narrativa y pragmática, pues el autor sirve de testimonio principal de la obra, narrando lo que de interesante pudo haber en ese momento determinado.

Como anteriormente se ha mencionado en este trabajo, Pacheco se caracteriza por su uso de un lenguaje coloquial y simple en sus obras. Lo que las hace simples y fáciles de leer, así como muy buscadas por los jóvenes, al grado de exhibida en 1987 con el título “Mariana, Mariana”, además de una canción del grupo Café Tacuba, con el nombre “Las batallas.

Esta novela fue escrita en 1981 y en ese mismo año fue la primera edición en Biblioteca Era, en 1999 se hizo una revisión de la misma para ser editada por segunda ocasión, y su tercera edición fue hasta 2011. Reimpresa en 2009 y 2010 por la alta demanda que tuvo a raíz de  los premios otorgados en esos años. Yo he leído la segunda reimpresión de 2012 de la casa editorial Biblioteca Era, impreso en México.

Pacheco vivió su infancia durante los años en que se menciona se desarrolla la novela, por lo tanto creo en la fiabilidad hacia este autor, además de sus vastos conocimientos y su larga trayectoria. No me reúso a pensar que pudo utilizar otras ciencias (además de la historia) para escribir este libro, pero sí que su principal fuente es su memoria y recuerdo, que al final es lo que mejor solemos guardar y con mucho celo.

La metodología utilizada la percibo como diacrónico, esto quiere decir que el autor narra los hecho por orden evolutivo, cronológico, con un enfoque erudito o sea que busca ante todo los datos y los detalles incluso los mas minuciosos y periféricos al tema central de la historia.

“Las batallas en el desierto” es una obra de apenas 68 páginas, divididas en 12 capítulos, sencillos y de fácil y pronto entendimiento.

 

Sus aspectos internos.

 

            Narra la historia de un joven pre-adolescente, llamado Carlos, que se enamora de la mamá de su mejor amigo. “Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquel?”. La historia comienza con Carlos describiendo al México de los ’40: personajes, programas y canciones de moda, los avances de la industria automotriz, las condiciones políticas del gobierno de Miguel Alemán y la creciente influencia de los Estados Unidos en el país.

En la escuela, Carlos conoce a Jim, quien sería su mejor amigo tras defenderlo de otro compañero que lo molestaba. En una ocasión, Jim lo invita a su casa   y es entonces cuando conoce a su madre, Mariana, de quien queda perdidamente embelesado. Otro día, estando en clases, no soportó el deseo de expresar lo que sentía a Mariana, por lo que decide escabullirse de la escuela para visitarla.

Ante la intriga de ella, Carlos decide confesarle su amor. Pero los compañeros de su escuela y sus padres se enteran de lo acontecido y arman un escándalo sobre la precocidad del pequeño o de, peor aún, la mala moral de Mariana. Carlos es cambiado de escuela y, junto con su familia, pasan a   una mejoría económica.

Un día, Carlos se encuentra con uno de sus antiguos compañeros, Rosales, quien le notifica sobre lo que se había comentado en la escuela después del incidente y sobre el suicidio de Mariana como consecuencia de un altercado con su amante. Carlos, incrédulo, decide buscar a su amor platónico en la casa donde esta vivía, pero se encuentra con que los vecinos no tenían ninguna memoria o recuerdo de Mariana o Jim.

La novela termina con Carlos recordando al México que fue y que nunca será recordado: “Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quien puede tener nostalgia”.

La historia se desarrolla en México, en la época de finales de los ‘40 e inicio de los ’50. El contexto manejado en la obra hace referencia a los cambios por los que atravesaba el país: problemas políticos y sociales en el gobierno de Miguel Alemán, la influencia de   la invasión de productos extranjeros y cultura Norteamericana y las costumbres, valores y concepción de la moral de las familias que transitaban de un México tradicionalista hacia la urbanización gracias a la industrialización y crecimiento de las ciudades. Carlos es de clase media y se encuentra rodeado de amigos (algunos de diferentes nacionalidades) tanto de la clase baja como de la clase alta.

 “Las batallas en el desierto” está escrita en primera persona (Carlos, ya adulto, es quien reseña). Su nombre es tomado en relación a las luchas, en un lote de arena, entres árabes y judíos que se mantenían en la escuela de Carlos.  José Emilio Pacheco remite a los elementos más significativos de la época para que el lector se identifique con las condiciones sociales, políticas y económicas de la novela. 

El tiempo es la duración de los acontecimientos; es decir, lo que abarcan desde su inicio hasta su desenlace. No tiene que ver con lo que dura el proceso de leer, sino con los hechos ficticios que estamos recreando. El tiempo se clasifica de las siguientes maneras: 

a) Tiempo objetivo: es el tiempo que transcurre normalmente; sucede en orden cronológico y de manera lineal. La historia comienza a ser narrada como por 1940 cuando Miguel Alemán era presidente de México y continúa con su secuencia hasta 1970.

b) Tiempo subjetivo: aquí se narran hechos sucedidos en otro tiempo. No solo se mencionan sino que ocurre en forma de acción. Este tiempo no respeta el orden natural de las cosas; puede pasar de presente a pasado o de pasado a futuro. 
-“Hubo un gran temblor en Octubre, apareció un cometa en Noviembre, Dijeron que anunciaba la guerra atómica y el fin del mundo o cuando menos otra revolución en México” (capitulo XII).

c) Planos temporales: es parecido al tiempo subjetivo, pero en esta modalidad podemos encontrar historias o mundos paralelos, narrados al mismo tiempo.

El espacio es el lugar o los lugares donde sucede la acción. Estos lugares son generales y muy amplios como: un planeta, un país, una ciudad y particulares como: una casa, un cuarto o un rincón. Los espacios se clasifican en exteriores e interiores; en el análisis es necesario describirlos o anotar los hechos importantes que suceden ahí. 

a) Lugares generales: México. D.F.

b) Lugares particulares: 

• Escuela (el patio): sin árboles ni plantas, ladrillo y era de tierra colorada, solo una caja de cemento. Por eso le llamaban desierto.

• Colonia Roma:   colonia de clase media, donde vivía la Familia de Carlitos.

• Departamento de Carlos: donde vivió la familia en los días de su clase media.

• Departamento de Mariana y Jim: estaba muy ordenado y muy limpio, tenía olor a perfume con muebles de Sears Roebuck y varias fotografías de Jim, Mariana y del papa. Es a donde fue Carlitos a cenar y conocer a Mariana y a donde fue a declararle su amor.

• Plaza Ajusco: casas porfirianas, fuente forma de trébol. Es a donde Carlitos jugaba con sus carritos de niño.

• Iglesia de Nuestra Señora del Rosario: fue a donde Carlitos fue a confesarse después de haberle declarado su amor a Mariana.

• Oficina del psicólogo: Consultorio con paredes blancas,   fue donde le hicieron pruebas psicológicas a Carlitos.

• Edificio donde vivía Mariana: Es donde Carlitos entra a preguntar por Mariana   después de que se entero que había muerto.

 

  1. 3.    CRÍTICA

 

El autor no da descripción física de Carlos, sin embargo, se infiere, en base a conversaciones de otros involucrados, que el personaje tiene una edad menor a los 13 años.

Psicológicamente Carlos es un muchacho tranquilo, que sobrelleva su condición familiar, los cambios en el país y sobre todo, la concepción del amor durante la pre-adolescencia de una manera natural, curiosa e impulsiva. Procura no juzgar a los demás.

La madre y el padre de Carlos: su madre es tradicionalista, vive bajo el régimen de lo que debería ser una “ama de casa”, es fiel, presumida, va a la iglesia y vive dentro de los preceptos religiosos, su conducta debe ser siempre moral. El padre parece estar un poco distanciado de la familia y sigue los pasos de su esposa.

Héctor, el único hermano de Carlos, rebelde, con grandes ansias sexuales y de actitud despreocupada. 

Mariana, es la joven madre de Jim y amor platónico de Carlos; descrita como una mujer hermosa y delgada de 28 años. Es una mujer comprensiva, con una idea clara sobre su adultez. Inmersa en la cultura norteamericana y aparentemente propensa a la depresión.

 Jim es norteamericano, de familia rica, proveniente de San Francisco. Era amigo de Carlos, que vivió con el anhelo de ser reconocido por su padre, a quien admiraba. Fue la invitación a su casa, en la que Carlos conoció al amor imposible que marcaría su vida: Mariana, la madre de su mejor amigo.

Rosales el compañero que entablara un altercado con Carlos. Era de familia pobre. Cuenta a Carlos lo que había ocurrido (en la escuela y en la vida de Mariana) después del   incidente donde el protagonista le declarara su amor a la madre de Jim. Fue su repentina aparición la que resurgió el interés de Carlos por Mariana. 

La novela es una descripción del último paso del tradicionalismo por México. Es una crónica sobre la invasión extranjera que poco a poco fue alienando al país de su verdadera esencia. Las condiciones sociales, políticas y culturales de la época de los ‘40 e inicio de los ’50 se unen para formar un escenario en donde el actor principal es Carlitos, un niño incomprendido que ante las problemáticas del país, los marcados contrastes sociales y la presión de las leyes decorosas de su familia, encuentra un oasis en medio del caos: el amor. El amor es algo tan puro, que por eso el autor solo podía adjudicarlo a un niño, a un ser inocente.

Los impulsos del amor llevan a Carlitos a ser tachado de aberrante, precoz, loco, anormal, en pocas palabras, lo acusan de haber practicado el peor de los pecados para la sociedad de la época: la inmoralidad. Por su conducta es marginado, primero por su propia familia: los padres son intolerantes, no lo conocen; su hermano Héctor, que a pesar de solaparlo, no toma el amor de su pequeño hermano por Mariana como algo serio, sino como un juego, un atrevimiento necesario de la pre-adolescencia. El verdadero conflicto interno de Carlitos no es la declaración de amor y las consecuencias que trajo, si no el hecho de que nadie entiende que el amor que siente es real.

En segundo lugar está su entorno social. El hecho de que sus compañeros y conocidos se enteraran de todo, pero a través de chismes y rumores, demuestra que la población del México de entonces, trataba de mantener en voz baja los últimos indicios de costumbrismo ante la llegada de la era moderna y el extranjerismo (que se muestra a partir de cambios en la comida, por ejemplo: el pozole se convierte en una hamburguesa y el tequila en whisky). Para las personas conservadoras de la época esto constituye una pérdida de los valores y tradiciones del país, sin embargo, a la vez que trataba de que sus opiniones fueran “desapercibidas”, se encontraban ansiosas de saber qué vendría próximamente, de la modernización. 

En lo referente al caos que se menciona en el análisis, podemos identificar   actitudes y acciones llenas de antipatía que se marcan desde de la niñez: la popularidad de los juguetes bélicos, los episodios de guerra protagonizados en el patio de la escuela (árabes contra judíos protagonizan un conflicto externo que en realidad existió, un “amor apache”), el lenguaje altisonante y el racismo entre compañeros. La escuela de Carlitos es en sí, un mundo pequeño, un reflejo de lo que la intransigente y turbia sociedad significaba para las nuevas generaciones.

Los personajes son seres creados por la imaginación del escritor para que vivan los conflictos y realicen las acciones que conforman el texto de ficción. Son más o menos parecidos en su físico o en su comportamiento a las personas reales; es decir, realizan funciones propias de los seres humanos.

El narrador de esta historia es en primera persona, como se puede ver en el siguiente ejemplo Carlitos, el personaje principal es el que narra la historia. Ejemplo:

“Entré en la nueva escuela. No conocía a nadie. Una vez más fui el intruso extranjero. No había árabes ni judíos ni becarios pobres ni batallas en el desierto aunque si, como siempre, ingles obligatorio. Las primeras semanas resultaron infernales. Pensaba todo el tiempo en Mariana”

 

En otro caso es un narrador protagonista, ya que la persona que narra esta historia es el personaje principal.

Podemos ver que es un narrador omnisciente, así se comprueba en la siguiente cita:

“Pensé que iba a reírse, a gritarme: estás loco. O bien: fuera de aquí, voy a acusarte con tus padres y con tu profesor.”

 

  1. 4.    CONCLUSION

 

La historia inicia finales de los cuarenta, cuando Carlitos, relata su infancia y sus tiempos románticos de la niñez. Crecido en la colonia Roma, hijo de una familia conservadora y de derecha. Carlos representa el típico modelo del niño mexicano de los años cuarenta. Disfrutando día a día su infancia en su escuela, comiendo tortas de nata, combatiendo contra judíos y árabes en las épicas batallas del desierto, eran llamadas así, porque el patio, donde se desarrollaban, era puro polvo. Sin árboles ni plantas, daba más la impresión de un desierto, que un patio de juegos.

En aquellos tiempos, el padre de Carlos, entra a la banca rota, debido a que su compañía de jabones, se ve afectada por la entrada al mercado de los detergentes en polvo. Este fue el principal motivo, por el cual Carlos, entra a una escuela del populacho, término coloquial.

Durante las guerras, que se presentaban a diario, la escuela era testigo de una verdadera batalla entre niños árabes y judíos, donde se mostraba el repudio entre ellos. El maestro Mondragón, siempre estuvo en contra de todo acto violento. Con su sentido moralizador, velaba por el futuro de sus alumnos, con el afán de que algún día, se convirtieran en hombres de bien. A pesar de sus innumerables intentos, las batallas en el desierto, nunca pudieron ser sofocadas.

Una ocasión, Carlos, visitó la casa de su amigo Rosales, para que este, le prestara unos apuntes. Rosales, a pesar de ser el alumno más inteligente, vivía en una vecindad; su madre era una mujer joven, pero que parecía de cincuenta; su padrastro, le había quitado su cuarto, y dormía en un petate.

Durante la inauguración, de un monumento, por parte del entonces  presidente Miguel Alemán, la clase de Carlos acude al evento, y es ahí, donde Jim, compañero de Carlos, comenta a su clase, que el señor que se encuentra al lado del presidente, es su padre. Se rumora, que su madre es la querida del señor, que no es más que un político corrupto. Carlos, se convierte en su único amigo de Jim, porque él nunca emitió ningún juicio acerca de su familia, al menos no que lo supiera Jim. En un receso, Carlos platica con Jim, y, Rosales les grita que eran putos. Carlos se abalanza sobre él a golpes, pero son detenidos por Mondragón.

Ese hecho, hace que Jim considere a Carlitos como su mejor amigo, a tal grado de invitarlo a su casa. Localizada en el tercer piso, de unos departamentos, la casa de Jim, era una puerta a lo moderno. Desde el más exiguo mueble, tenía un toque de importación; que decir de sus juguetes, traídos desde Estados Unidos.

Los platillos voladores o sándwiches, coca cola, agua mineral, Todo eso le parecía un sueño a Carlos. Pero lo que no podía apartar de su mente, era aquella imagen gloriosa de Mariana, la madre de Jim. Mujer joven y hermosa, que parecía más la hermana de Jim, que su propia madre, cautivó desde el primer momento el corazón de Carlos. Desde ese momento, el vasto universo intrínseco de nuestro protagonista, se redujo a una sola estrella llamada Mariana. Pensó en pedirle consejos a su hermano, pero no se atrevió.

Héctor, su hermano, es un fiel reflejo del estudiante de derecha. Abstraído en las mujeres y el juego, pasaba más tiempo en lío de faldas con las sirvientas, que dedicándose al estudio. Un día, Carlos no resistió más su amor por Mariana, y excusándose, en que se sentía mal, acudió a visitarla y le confesó sus sentimientos.

La madre de Jim, sintió gran ternura por Carlos, pero mencionó que ellos dos eran un amor imposible. Carlos lo comprendió y una gran tristeza invadió su rostro. Mariana se despidió de él, con un beso en las comisuras, entre la mejilla y los labios, y le pidió que nunca la olvidara.

Como Carlos, no regresaba Mondragón preguntó dónde se pudo haber metido y Jim le dijo que debió haber ido a su departamento. Al llegar, Mariana les contó lo sucedido. Lo demás fue historia: Carlos es severamente reprimido por sus padres, que lo sacan de su escuela y lo llevan con sacerdotes, psicólogos, y finalmente cae en un estado de seclusión total. Durante ese tiempo, su familia entra en una época mejor en la cual su padre fue absorbido por las empresas que lo habían dejado en bancarrota.

Héctor, hermano de Carlos quién había entrado a la cárcel tras una riña y que era el conflictivo de la familia, llegó a estudiar en Chicago; su hermana, quién había tenido un amorío con un actor fracasado y que se ahorco, se fue a Texas; y su otra hermana llegó a ser secretaria.

Un día, Carlos encuentra a Rosales; éste le cuenta a Carlos que Mariana se había suicidado tras una discusión con su amante. Carlos al no creer lo que había escuchado fue en busca de Mariana a su casa creyendo que era mentira, pero no logró encontrar ninguna información a cerca de Mariana o de Jim.

Al final de esta novela, Carlos no supo si Mariana se suicido o si aún siguió con vida; terminó sin saber nada a cerca de Jim, de Rosales o de alguien de aquella época. Tiempo después todos esos edificios en los que vivían ellos son demolidos y Carlos no tiene otra opción más que recordar todo aquello con nostalgia.

El mensaje del autor es que el amor sincero perdura en las adversidades que se presentan ante los cambios del entorno, en este caso, la transición del México tradicional, complejo, conservador,   a un país moderno, simple y superficial.

Canción “Las batallas”

 

            El grupo mexicano Café Tacuba se inspiró en la novela de Pacheco para la creación de la canción titulada “Las Batallas” de la cual me permito hacer una crítica-comparación respecto al libro.

            Cabe mencionar que no es justo ni fácil comparar dos géneros artísticos completamente diferentes en cuanto a tiempo, forma y estilo, como lo son la literatura y la música. En el caso de la canción, es comprensible que por la duración no pueda extenderse para tomar el significado de la novela por completo.

Deja de lado las condiciones políticas, sociales y económicas del sexenio Alemanista, dirige su enfoque principalmente a la escena del enamoramiento de Carlitos con Mariana, los rumores que se propagaron en el entorno social del personaje principal ante su declaración de amor y a las actitudes que tomó su familia con respecto al incidente, el cuestionamiento sobre quién, si su hermano Héctor o la misma Mariana, incitó a Carlitos a tales actos y la tacha que le pone su padre como “anormal”. 

Aunque recauda la idea principal de la novela, no logra develar el significado que tiene el amorío de Carlitos dentro del contexto del país y tampoco menciona a la influencia que tuvo el extranjerismo en la urbanización de México.

Pareciera que el tono en que es cantada la melodía remite a una especie de reclamo al protagonista, cuestionando las acciones que lo llevaron a ser catalogado como inmoral:

 

“Oye Carlos, por qué tuviste que decirle que la amabas a Mariana y Oye Carlos, por qué tuviste que salirte de la escuela esta mañana”.

 

En ambos géneros artísticos se menciona el fragmento de un bolero puertorriqueño, escrito originalmente por Pedro Flores, llamado “obsesión”: 

 

“Por alto que este el cielo en el mundo

Por hondo que es el mar profundo

No habrá una barrera en el mundo

Que mi amor profundo no rompa por ti”.

 

Estos versos parecen componer el significado que solo Carlos comprendía sobre su enamoramiento, que perduró a pesar de los conflictos a sus alrededor. De ahí la importancia que tiene para su colocación tanto en el libro como en la canción. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. 5.    BIBLIOGRAFÍA

 

Café Tacuba. Tiempo transcurrido. “Las Batallas”. Recopilación. México. 2000.

CONACULTA. Comunicado # 519. Marzo 22 de 2011. Consultado en Diciembre 07 de 2012. México. http://www.conaculta.gob.mx.

Diccionario de Biografías. Editorial La llave del Conocimiento. México. 2003

Flores, Pedro. “Obsesión”. Puerto rico. 1930-1935. Remasterización. Florida 2005.

Gutiérrez, Norma. Amor, la enfermedad incurable de José Emilio Pacheco. El informador. México. Diciembre 02 de 2009. Consultado en Diciembre 08 de 2012. Versión digital http://www.informador.com.mx.

Jiménez-Sandoval, Saúl. Mexican studies. Vol. 27. “Capitalismo, deseo y el anti-Edipo en las batallas en el desierto”. The regents of the University of California. Summer. U.S.A. 2011.

Pacheco, José Emilio. Las batallas en el desierto. México. Era editores, 1981.

Rabanal, Manuel. Lara Peinado, Federico. Comentario de textos históricos. “El comentario de textos históricos”. Ed. Cátedra. Madrid. 1997

Rabanal Alonso, Manuel Abilio. El comentario de texto en la didáctica de la historia antigua. Universidad de Alicante.

Rabanal, Manuel. Textos Compuestos y comentados de la historia moderna. Ed. Cátedra. Madrid

Sierra Campusano, Claudia. Historia 2. Ed. Esfinge. México. 2010.

La mujer e la denominada guerra de los cristeros

1er. Encuentro de estudiantes de historia centro-sur

 

Corrientes historiográficas e historia del siglo XX ante las crisis contemporáneas

 

La mujer en la denominada “Guerra de los Cristeros”

 

Héctor Paúl Ayala Valadez

 

Cód. 212231032

 

Universidad de Guadalajara

 

Centro Universitario de Ciencias Sociales y humanidades

 

homini_dei@hotmail.com

 

 

 

Resumen

A lo largo de la existencia del hombre, la mujer ha tenido una gran influencia sobre el género masculino y sus quehaceres, aunque no sea re conocida esta ardua labor femenina. En cada momento es parte fundamental de la existencia humana, en el nacimiento, educación, formación e incluso en los movimientos más pugnantes como lo son las guerras.

La historia de México manifiesta en sus líneas varias luchas, de independencia, libertad, cambios, revolución, de ideales. Pero en todas estas es el varón quien luce por su participación, despreciando la colaboración femenina en cada una de ellas.

La presente ponencia tiene la finalidad de presentar a la mujer de la de cada de 1921 a 1930, quienes vivieron y fueron participes de la llamada “Guerra de los Cristeros”. Las páginas de la cristiada están llenas de referencias implícitas y explícitas de la mujer, aunque evidentemente parezca que sólo está “Como la escopeta: Cargada y detrás de la puerta”.

De la misma forma se muestra otra cara de la mujer, la que no se limita a inculcar la moral o el compromiso social, dentro de las cuatro paredes de su hogar, sino que emprende un activo camino coyuntural e histórico, de acuerdo a las circunstancias fuera de su hogar, por la defensa y protección de los suyos y de sus creencias.

 

 

 

 

 

Introducción

El conflicto armado que se vivió México en la década de 1920 denominado “Guerra cristera” o “Guerra los cristeros”, no es más que una lucha entre dos grandes actores, el Estado mexicano y la iglesia católica. Este movimiento se prolongó de 1926 a 1929 durante el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles, esto por la resistencia de presbíteros, religiosos y laicos a la aplicación de las legislaciones y políticas establecidas en la Constitución de 1917 (González, 1980). Este movimiento, como muchos otros, tocó fibras íntimas, delicadas, como fue la religión y quienes más la sufrieron, es posible, que hayan sido las mujeres.

El movimiento social[1] no fue exclusivo de los varones religiosos o laicos, pues incluía en él a las mujeres, que tuvieron una gran participación, que incluso puede pensarse que sin su colaboración no se hubiera logrado superar este conflicto.

Las mujeres sufrieron una ausencia de voz, por lo cual no tuvieron la oportunidad de expresar su pensamiento acerca de la guerra[2]. Debe comprenderse que no es la apariencia anatómica lo que  posiciona al hombre y la mujer sino el atributo social que se hace en ella (Lamas, 2003).

La participación de la mujer no fue directamente detrás de las armas sino principalmente como miembros de una cofradía o asociación[3]. Así como la organización de brigadas feministas, por ejemplo la Brigada feminista de Santa Juana de Arco, que inició en Zapopan, Jalisco[4] (Villanueva, 2003), sus “palomas” (así eran llamadas las mujeres miembros de esta brigada) juraban obediencia y secreto; ellas lucharon, llevaron armas, mensajes, alimentos y otros, hasta los refugios de cristeros; escondían balas en corpiños, armas en canastas, arriesgando su vida; sufrieron cárcel, tortura, violación, muchas fueron fusiladas o ahorcadas (Calvario, 2005; Spectator, 1961). En la cristiada, las mujeres actuaron desde un sentir femenino de la religión y la fe, sin división de clases (Vaca, 1998) y mantuvieron viva la Cristiada (Meyer, 1997).

La mujer cristera en la familia

Para poder entender las características y cualidades de la mujer de 1920 a 1930, es importante primero entender la estructura familiar de estos años.

La unidad primaria y célula básica de toda organización social es la familia. Así pues, la familia es nuclear en términos generales[5], aunque, no dejan de encontrarse rancherías con estructura de familia extensa, donde todos son parientes de todos, con una procedencia varonil común.

Las mujeres, en tiempos de la “Cristiada”, comienzan su diaria labor a las 6:00 a.m. A esa hora, alimentan a los animalitos como son: gallinas, puercos, guajolotes, pollos, perros. Después viene la molienda de maíz, que deberá ser abundante, pues como se casan pronto los jóvenes (antes de los 20 años de edad), tendrán muchos hijos. El promedio es de ocho hijos[6].

Una vez que las tortillas y el almuerzo han concluido, sigue el aseo de la casa, el trabajo de costura y después nuevamente el trabajo de cocina, luego el de costura, o lavar la ropa, la cena, el rosario y el descanso.

A todo esto se debe incluir las compras en el mercado, los actos piadosos como la misa, visitas al Santísimo, y la atención a las hijas y los hijos.

Uno de los gritos armados quizá más conocidos por quienes viven cerca de la zona cristera, es el de “¡¿Quién vive?! ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” (Cardoso, 1958), utilizado como una contraseña o clave para reconocerse entre los cristeros o incluso para demostrar la gallardía o el temple del carácter, muchos personajes de la cristiada, antes de morir fusilados o ahorcados dejaban desgañitar por última vez su garganta con este grito que más que salirles del pecho, les salía del alma.

Es una lucha porque Santa María de Guadalupe viva también, en las mismas circunstancias de Cristo, donde no importa si el precio del rescate que es vida de la religión, es la muerte para los fieles cristianos. Además, significa entender que no se trata de una lucha por un hijo (Cristo) y una madre (Santa María de Guadalupe), sino que es una lucha por una familia y para los fieles creyentes, uno de los sentimientos más arraigados es el de la familia, donde están todos juntos reunidos en el regazo de una madre.

Al realizar un análisis de algunos de los roles asumidos por las mujeres, tanto históricamente como coyunturalmente en los años veinte de ese siglo, encontramos que efectivamente, las mujeres desempeñan un papel primordial, protagónico en un mundo, en ocasiones, demasiado masculino. Ante este análisis, la valoración entonces es que no se entiende la lucha cristera si no es considerando a la mujer como impulsora, alentadora o artífice de un movimiento social que salvando su fe, salvaba su familia.

La mujer, el espíritu de la cristiada

Fueron las mujeres, llámense madres, esposas, hijas, novias, quienes ejercieron la verdadera presión socio-psicológica en los hombres a fin de convencerlos de “tomar las armas por cristo rey y la virgen santa María de Guadalupe”. Apelaban a que “lanzarse a la guerra” era un signo de hombría: “Todos los hombres a tomar Atotonilco y sólo las mujeres se quedarán en casa”(Meyer, 1997).

Para Juan Rulfo, “si no se entiende a la mujer no se puede entender la cristiada”, pues fueron ellas las primeras en participar en la defensa de la fe, desde sus circunstancias cotidianas, en los años 20.

En agosto de 1926, eran las más decididas a montar la guardia en las iglesias, y en todas partes los hombres se limitaban a desempeñar tímidamente un papel secundario, no enfrentándose al gobierno y a sus soldados más que para defender a sus compañeras.

La cristiada no se hubiera mantenido sin la ayuda constante de las espías, de las aprovisionadoras, de las organizadoras, sobre las que recaía todo el peso de la logística y de la propaganda.

Ya no es dolor lo que sienten las mujeres cuando ven partir a “los cristeros”, ahora es alegría y satisfacción de saber que sus papás, esposos, hijos, novios. ¡Cómo no admirar el espíritu de las mujeres tan firme que las hacía incluso alejar de sí a quienes más quieren: sus hijos! Una madre decía al último de sus hijos, cuando el último de los caballos que quedaba, relinchaba ante el ruido de las balas: “hijo, a ese caballo le hace falta un buen jinete”(Cardoso, 1958).

Ante estas palabras al muchacho sólo le quedó responder con presteza a las palabras de la madre. Fueron esas palabras de la madre el espíritu que lo impulsó a luchar por la defensa de la fe familiar.

Uno de los casos más conocidos de arrojo femenino, además del de la madre “Conchita”, es el de doña Elvira González de Vargas, quien una vez que “El maestro” Anacleto González Flores es descubierto en su casa y aprisionado junto con sus dos hijos, se despide de ellos con una frase que demuestra el alto grado de convencimiento que tenía de tratarse de una causa noble la de luchar por la fe y además muestra que el compromiso que inspiraba a estos jóvenes acejotaemeros[7] a organizar la liga de la Acción Católica, tarde que temprano podría culminar con la muerte: “¡Hijos míos, hasta el cielo!”[8].

Las cartas desde los campos de batalla expresan el cariño tan especial hacia las mujeres, quienes motivaban la defensa de la fe por la cual se encontraban lejos de ellas:

“…y a ti, madre mía, ¿Qué puedo decirte? Sólo que te amo y que el pensamiento de abandonarte, dejándote sin recursos es lo que me desgarra el alma. Muero tranquilo, eso sí; dios nuestro señor me está dando fortaleza; no llores, madrecita, reza nada más y confórmate; té queda un hijo más bueno que el que se va. Adiós. En la otra vida nos uniremos para no separarnos ya jamás, y ofrece el sacrificio de tus lágrimas por la conversión de tantos hermanos nuestros que están ciegos y no quieren ver. Tu hijo que te quiere. Juan”(Cardoso, 1958).

No dejan de sorprender las mujeres que no sólo animaban o impulsaban a los hombres, sino que ellas mismas tomaban las armas, como Agripina Montes “La Coronela” a quien los Federales imaginaban a la cabeza de las tropas de la Cierra Gorda de Querétaro, quizá no era un caudillo guerrero, pero organizó el alzamiento de Manuel Farías, en Colón, y lo propagó por toda la región con una energía absolutamente militar.

Cristeras, Madres

Desde siempre, las mujeres han tenido que hacerse cargo del hogar, a ellas ha correspondido la transformación de la casa (construcción física, patrimonio aportado por el padre) en hogar. Son ellas quienes dan vida a esas cuatro paredes que forman la casa habitación. Su espíritu y ternura maternal son un cobijo para las hijas e hijos, sea que el padre esté presente como en los casos de ausencia del mismo.

Luis Padilla Gómez, uno de los jóvenes más cercanos a Anacleto González Flores, habiendo perdido a su padre a muy temprana edad, encontró en su madre y sus hermanas un sustento para fortalecer su fe, e incluso ingresar al seminario.

Una oración a María compuesta por Luis, expresa el grado de afecto que le tenía a su madre, es asimismo reflejo de una educación tierna, solamente adquirida junto a ella:

“María: antes que el mundo fuera, Tú ya eras en la mente del Altísimo, pura como la luna, Tú en tu concepción sin mancha, vencedora del dragón. Tú en tu nacimiento, esperanza del Mesías. Tú en el templo, modelo de vida oculta. Tú en la encarnación, punto de unión entre la humanidad divinizada y el Dios humanizado. Tú Belén, primer altar del niño Dios. Tú en el calvario, supremo sacerdote que ofreces a tu propio Hijo Divino. Tú en el cielo; nuestra única esperanza. Tú siempre ¡Madre!”[9].

Recias y frías exteriormente, las madres de los cristeros no dejaban de sentir interiormente la ternura y compasión de una madre ante la partida de sus hijos. Aún cuando sabían que era inminente la separación de su lado para tomar el camino de las armas, no dejaban de prodigar caricias a sus hijos y de bendecirles, besándolos largamente.

Se trataba de sentimientos encontrados. Por un lado el deseo de ver a los hijos enlistarse y responder a una “noble” causa; pero, por otro lado, la angustia y tristeza del corazón por el presentimiento de, tal vez, no volver a ver a sus hijos.

Un caso lleno de dolor, se manifestó cerca de Guadalajara donde fue cogido un niño de doce años porque andaba repartiendo hojitas del boicot contra el gobierno. Le preguntan quién se las dio a repartir, el niño no responde palabra. Lo amenazan con azotes y con la muerte; pero no cede. Esperan con plan diabólico, a que su pobre madre, que lo busca desolada, vaya a ver si está en la cárcel. Llega en efecto, la infeliz mujer, con alimento para su hijito. Allí, delante de ella, azotan cruelmente al valeroso niño. Pero la madre, lo alienta a cumplir con su deber, guardar el secreto, repitiéndole entre sollozos: ¡No digas, hijo, no digas! Acometidos de rabia infernal los sayones, al verse vencidos por un niño y una mujer, quiebran los brazos del pequeño de doce años quien al final murió.

Mujeres educadoras

Las mujeres educadoras conservaban la escuela privada y fundaron otras; a través de ellas continuaría un currículo que propugna sus ideas socioeducativas. Cabe pensar que al finalizar la Cristiada, la Iglesia como institución hierocrática no cejó en su lucha por la formación de conciencias, a través de la educación privada, donde intervienen las mujeres; sin dejar de mencionar su influencia en la familia y asociaciones pías. La batalla prosigue en el campo espiritual, es decir, la educación moral en toda su amplitud. No obstante, a través de la enseñanza escolarizada las mujeres encontraron una puerta hacia el espacio público, para muchas de ellas y sus descendientes, el hogar ya no fue su único espacio de acción.

Es importante estudiar las luchas por el control de los aparatos ideológicos, es evidentemente que el Estado había dado pasos firmes en la educación pública; pero la iglesia generó sus propias redes de poder; en Colima los vínculos con las autoridades estaban profundamente imbricados, así, la Cristiada coloca a la sociedad colimense en situación inédita de confrontación ideológica, Religión versus Ley. La magnitud del enfrentamiento en Colima es enorme, baste señalar el declive demográfico (71.85%), 25,826 personas mueren o huyen de la debacle.

La educación privada debe seguir estudiándose, ya que la educación Confesional es un espacio de formación, donde muchas se han hecho escuchar, pues como profesoras son ampliamente aceptadas, al asociarse esta profesión a los estereotipos del género femenino.

Aunque la educación del estado u oficial no llegó temprano a las zonas rurales, la iniciativa privada llevó adelante este camino de educación formal. Entre las más importantes se encuentran las escuelas parroquiales dirigidas por la Iglesia católica.

Obviamente quienes llevaban adelante esta tarea formativa en las escuelas parroquiales fueron en su mayoría mujeres y ex-seminaristas. Tal vez por ser quienes con más facilidad acataran la voluntad del sacerdote o tal vez por ser quienes con más claridad veían los objetivos de una verdadera educación que no fuera utilitaria.

En otros casos, las mismas religiosas llevaban adelante sus colegios, como las Siervas de Jesús Sacramentado, quienes en Arandas, impartían clases con severas restricciones, a escondidas, disfrazadas según lo expresa don Alfonso Fonseca: “con esa fuerza interior que sólo llega del Supremo”.

Principalmente en la Educación Primaria la mujer tuvo un papel muy decisivo, el funcionamiento de las escuelas en los pueblos o municipios se limitaba a una maestra y un pizarrón bajo los árboles. Para ayudar a la causa las escuelas para niñas se dedicaban a enviar cartas a la comunidad internacional solicitando apoyo a la Defensa de Libertad Religiosa, las cartas eran enviadas principalmente al Vaticano, España, Francia, Argentina y Alemania.

Educar para la vida, es educar también para la muerte. Quien enseña a bien vivir, enseña a bien morir. Esta educación más que conseguirse en las aulas de una escuela o en las bancas de un templo, se recibe en el hogar, donde las catequistas, educadoras, instructoras son las madres. Las puertas de la felicidad que cada individuo se construye tienen como modelo siempre las puertas que encontraron en el corazón de su madre, por eso, cuando un hijo, en tiempos de guerra, por defensa de la fe debe morir, los primeros recuerdos son los de una madre que así como enseño a bien vivir, enseñó, incluso, a bien morir.

“Cotija (Mich.) Febrero, lunes 6 de 1928. Mí querida mamá: Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de dios: yo muero contento, porque muero en la raya al lado de nuestro dios. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes diles a mis dos otros hermanos, que sigan el ejemplo, que su hermano el más chico les dejó, y tú has la voluntad de dios; ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo, que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba. Nos veremos en el cielo. Nunca fue tan fácil ganarse el cielo. Tu hijo, José Sánchez del Río.”[10]

Mujeres Guerreras

Tal pareciera que hablando de la valentía, debiéramos hablar de los hombres, quienes no importándoles su vida, se arriesgaban hasta a lo inimaginable. Sin embargo, es honesto reconocer que las mujeres demostraron su valentía y decisión en los momentos en que les fue requerida tal virtud.

Teóricamente el amor propio y la valentía son valores masculinos; ahora bien, he aquí que la vergüenza la siente con tal violencia la mujer en el momento de la crisis religiosa, que suele ser ella quien toma la iniciativa de la rebelión.

¿Será que lo que constituye su inferioridad en tiempo normal, constituye su superioridad permitiéndole la rebelión unánime e inmediata?

Las mujeres guerreras rompen el estereotipo de género y se enfrentaron al enemigo. Un ejemplo de ello es Agripina Montes “La Coronela”, en Querétaro, que se convirtió en símbolo para sus tropas, organizó el alzamiento de Manuel Farías, en Colón, y lo propagó por toda la región con energía militar (Meyer, 1979: 77-79).

La generala Sara Flores Arias, mujer jalisciense que muere en 1927, junto con las colimotas Ángela  Gutiérrez, Faustina Almeida y Sara Ochoa, además del general en jefe del movimiento en Colima, Dionisio Ochoa y del coronel Antonio Vargas; en el campamento de la Yerbabuena (Volcán de Colima), al explotar la pólvora mientras preparaban bombas; la Brigada de Colima se denominará “María de los Ángeles Gutiérrez” (Spectator, 1961; Meyer, 1993a; Villanueva, 2003).

La brigada feminista primero procuraba dinero y alimentos a los combatientes, después, información, municiones, refugios y enfermería; una alumna de la Normal privada relata que, cuando tenía que auxiliar a algún enfermo o herido, el padre Nabor Victoria salía vestido de ranchero, acompañado por Sor Elena, de ranchera, cuando encontraba peligro en el camino, él empujaba y regañaba a Sor Elena como si fuera su mujer; ella sólo pujaba (Macías E., 2006). Estas mujeres transportaban pertrechos con peso de 15 a 25 kilos, ocultos entre sus ropas (González, 1930).

Las “delgadas, se nos veía gordas, como embarazadas, por el aumento de peso y porque ya no teníamos cintura […] eso era muy peligroso, creo que no estábamos muy conscientes del peligro, éramos muy jóvenes, de 15 a unos 25 años lo más, todas solteras […] las casadas tenían otras tareas (Arreguín, entrevista 1992).

Como mujeres verdaderamente formadas en la disciplina militar, se escondían entre los matorrales o las bardas, estas mujeres, llamadas “soldados de Cristo”, eran responsables de proveer de armas, de parque, vestidos, ropa, alimentos y otros víveres que ellas mismas sabían agenciarse, aun comprando el parque y las armas a los mismos federales (Cardoso, 1958).

Otro caso donde se puede verificar la valentía de las mujeres ocurrió el primero de agosto de 1926, afuera del Santuario de Guadalupe, en Guadalajara. Ante el intento de algunos soldados de entrar en la Iglesia, una mujer, de entre la muchedumbre, se acercó a uno de los oficiales y le hundió un puñal en la espalda. Ante tal acto, los demás soldados permanecieron indecisos, sin saber qué hacer, viendo recoger a la valiente mujer la espada y la pistola de su víctima, que fue a entregar a los hombres que contemplaban aquella escena tras el cancel del templo, diciéndoles. “Tengan esto para que se defiendan…”

Es claro que algunas mujeres en ese tiempo, al ver amenazada la vida de alguno de los miembros de su familia por las ideas espirituales y religiosas que profesan, no les importa actuar de esta manera tan poco usual e incluso escalofriante.

Comenta Doña Conchita[11], recordando sus años de militancia cristera:

“Yo era una muchachita de escasos 13 años, y me mandaban al Cuartel Colorado. Llegaba sin decir media palabra, con un morralito lleno de monedas de oro. En la entrada jamás me detuvieron, iba directamente a las escaleras donde encontraba a una galleta, Así les decían a las mujeres de los Federales, que se arrimaba y me daba otro liacho, un trapo amarrado por las cuatro puntas, recibía el envoltorio y le daba el mío, y salía sin decir palabra. ¿Sería la Virgen que me llevaba de su mano? ¿Por qué naiden me preguntaba nada? Iba hasta dos o tres veces por semana por un paquete; así me eché casi los tres años, llevando municiones a los cristeros…Yo llegué a hacer aquellos chalecos que se cruzaban en el pecho, como carrilleras para poner balas, los chalecos que se usaban bajo la ropa, era muy incomodo porque, por el peso, había que estar muy tiesa y aparentar ligereza en los movimientos. Había verdadero amor a Dios, estábamos dispuestas a morir, yo no tenía miedo” (Arreguín, entrevista 1992).

Brigada femenina de santa Juana de Arco

En el conflicto religioso, estuvo en las primeras barricadas alentando a los luchadores, ayudando generosamente a la causa sin rehuir peligros ni escatimar sacrificios. Por eso, cuando se empuñaron las armas para defender con ellas su fe y su libertad, la mujer mexicana pasó lista de presenta para aprovisionar a las fuerzas cristeras.

El Feminismo repentinamente consciente condujo a las Brigadas Femeninas a pretender dirigir la guerra, colocando a cada jefe de regimiento bajo la protección y el padrinazgo de una coronela.

Entre las asociaciones que se formaron se encuentra la Brigada Santa Juana de Arco, fundada el 21 de junio de 1927, 17 muchachas con la ayuda del seminarista Luis Flores González, fundaron en Zapopan, Jalisco, la Primera Brigada santa Juana de Arco, con el fin de apoyar a los combatientes, quienes se encontraban faltos de todo. Según la tradición las 17 se convirtieron en 17,000. Una asociación militarizada, con las siguientes comisiones autorizadas por la liga ACJM: finanzas, guerra, provisiones, beneficencia, información y sanidad.

Fueron ellas quienes aprovisionaban de armamento a los cristeros. Era una organización destinada a procurar dinero, a aprovisionar a los combatientes, suministrarles municiones, informes y refugios, a curarlos y esconderlos, la BB, organización secreta, imponían a sus miembros un juramento de obediencia y de secreto. La organización se extendió a todo el país. En poco tiempo, a las mujeres delgadas, se les veía gordas, como si en poco tiempo hubieron aumentado demasiado de peso o estuvieran embarazadas.

Eran mujeres solteras de 15 a 25 años de edad, dirigidas por un jefe de no más de 30 años, también se organizaron grupos auxiliares en los que había mujeres de más edad, mujeres casadas y niños.

De muchas formas tuvieron qué ingeniárselas para conseguir el abastecimiento de varios frentes en lucha. Como mujeres verdaderamente formadas en la disciplina militar, se escondían entre los matorrales o las bardas. Algunas fueron sorprendidas y encarceladas; sufrieron tormentos y martirios inenarrables y otras fueron enviadas al penal de las islas Marías.

Unas mujeres de Guadalajara tomaron como modelo a la muchachita de la edad media, Juana de Arco, ‘la buena Lorena’, que capitaneó la resistencia popular contra los ingleses cuando Francia parecía perdida.

Hubo funcionarios, autoridades pueblerinas y hasta militares sin escrúpulos que se olvidaron de sus deberes para caer en las redes de esas sirenitas de santa Juana de Arco, proporcionándoles cartuchos procedentes de las fábricas de los federales, con lo que los cristeros quemaron municiones.

Llamadas también “cooperadoras de los soldados de cristo”, o incluso “soldados de cristo”, eran las responsables de proveer de armas, de parque, vestidos, ropa, alimentos y otros víveres que ellas mismas sabían agenciarse, aun comprando el parque y las armas a los mismos federales, que forzados por la disciplina militar a combatir a los cristeros, lo hacían de mala gana, lo cual, como se comprende, ayudaba mucho a los triunfos de éstos, y cuando podían, vendían con gusto a las mujeres un armamento, que en sus manos estaba destinado a matar mexicanos heroicos.

Muchas de aquellas mujeres perdieron su joven vida en aquella lucha cruenta, otras vivieron prisión y martirio y el ultraje de sus cuerpos. Para ellas hay un lugar en la historia y una corona en el cielo.

Descubrí que las páginas de la cristiada están llenas de referencias implícitas y explícitas de la mujer, aunque evidentemente parezca que sólo está “Como la escopeta: Cargada y detrás de la puerta”.

De la misma forma encontré otra cara de la mujer, la que no se limita a inculcar la moral o el compromiso social, dentro de las cuatro paredes de su hogar, sino que emprende un activo camino coyuntural e histórico, de acuerdo a las circunstancias fuera de su hogar, por la defensa y protección de los suyos y de sus creencias.

En suma, reconocer la participación de la mujer en la cristiada, como la de cualquier mujer mexicana, es en justicia, hacer presente el espíritu que permea la lucha de la defensa de la fe: El sentimiento femenino de un pueblo por su religión, más pronunciado que el masculino, y el sentimiento femenino presente en el hombre que impulsa decididamente a enfrentar a sus connacionales.

 

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[1] Enrique Guerra Manzo (El fuego sagrado. La segunda Cristiada y el caso de Michoacán (1931-1938). UAM-Xochimilco, H. Méx, 2005) afirma: “se trató de un actor que buscó jugar su propio una región rica en expresiones culturales representativas de las identidades de sus pueblos […] la identidad colectiva es el conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores, símbolos, etc.), a través de los cuales los actores sociales (individuos o colectivos) demarcan simbólicamente sus fronteras y se distinguen de los demás actores en una situación determinada, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados”.

[2] Una característica de los movimientos sociales son las demandas de sus participantes, cabe preguntarse por la voz de las mujeres.

[3] Cofradías y asociaciones católicas, contamos al menos doce: del Santísimo, Sagrada Familia, Nuestra Señora del Carmen, Animas, Sangre de Cristo, Merced, Rosario, Guadalupana, Josefina, entre otras.

[4] Ciertos municipios de los estados de Jalisco y de Michoacán se consideran región Colimense, por la similitud de costumbres e ideas y por la cercanía política y económica con la capital del estado.

[5] Díaz, José y Román Rodríguez. El movimiento cristero. Sociedad y conflicto en los altos de Jalisco. 1ª ed. México, 1979. Ed. Nueva imagen

[7] Sobrenombre que reciben los miembros del movimiento Acción Católica Juvenil Mexicana. (ACJM)

[8] Biografías de los beatos Jorge y Ramón Vargas González

[9] Biografía de Luis Padilla Gómez

[10] Biografía del Beato José Sánchez del Río

[11] Arreguin de Hernández Concepción. Entrevista grabada, agosto, 1992.

El aprendizaje y la tecnlogía

Hoy en día hay que enfrentar la enorme tarea de mejorar la enseñanza de las ciencias para satisfacer las demandas y desafíos de una economía globalizada. Las salas de clase deben ser transformadas en centros de aprendizaje abierto que ofrezcan programas de ciencias basados en la práctica, el pensamiento y la realidad. Las tecnologías de información modernas, si son utilizadas en forma apropiada, ofrecen a todos el potencial para poder llegar a alcanzar la vanguardia de la enseñanza de la ciencia y para ello, se está creando e implantando una red de educación virtual utilizando los últimos conceptos e ideas, de tecnologías avanzadas y modos apropiados de conectividad.

Este entorno cada día adquiere más importancia, porque para ser activo en el nuevo espacio social se requieren nuevos conocimientos y destrezas que habrán de ser aprendidos en los procesos educativos.

Las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones están transformando la sociedad, y en particular los procesos educativos; las redes digitales son parte de ese cambio social, pero hay que tener en cuenta muchas tecnologías coadyuvantes.

El teléfonola radio y televisión, las redes telemáticas, las tecnologías multimedia y la realidad virtual son tecnologías a tener en cuenta.

Las Nuevas Tecnologías posibilitan la construcción de un nuevo espacio social, dicha transformación es lo suficientemente importante como para que pueda ser comparada con las grandes revoluciones técnicas como la escrituraimprenta, que transformaron la educación.

El derecho a la educación universal tiene que ampliarse, porque los espacios sociales se han ampliado. Lo cierto es que el entorno digital emergente exige diseñar nuevas acciones educativas, complementarias a las ya existentes; No basta con enseñar a leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, además de introducir conocimientos básicos de historialiteratura y ciencias. Todo ello es necesario y lo seguirá siendo en los espacios naturales y urbanos en los que tradicionalmente se ha desarrollado la vida social, en el presente informe también se hablara de La tecnología, ¿Cómo trabajar en las aulas de tecnología?

 

El canibalismo en la cultura Mexica

“En ningún otro lugar del mundo se había desarrollado una religión patrocinada por el estado, cuyo arte, arquitectura y ritual estuvieran tan profundamente dominados por la violencia, la corrupción, la muerte y la enfermedad. En ningún otro sitio los muros y las plazas de los grandes templos y palacios estaban reservados para una exhibición tan concentrada de mandíbulas, colmillos, manos, garras, huesos y cráneos boquiabiertos”. En muchos lugares del planeta el canibalismo era frecuente, con mayor o menor intensidad, algunas veces sólo como ritual de guerra (comer enemigos), otras como ritual de muerte (comer familiares), pero sólo en Mesoamérica existió un estado que patrocinaba el canibalismo. Todos los días se sacrificaban cuerpos humanos, y las grandes bajadas lisas de las pirámides y montículos tenían como fin conducir al cuerpo muerto hasta donde eran partidos en pedazos (se supone que por sacerdotes) y repartidos entre la nobleza o el pueblo; los grandes historiadores de mesoámerica lo corroboran (Fray Bernardino de Sahún, Diego Durán).

Los aztecas avanzaban sobre sus enemigos como cazando presas de alimento. Sin embargo se sacrificaban solamente hombres, prisioneros de guerra o esclavos; las mujeres eran sacrificadas solo ocasionalmente y se las trataba bien, pues representaban el papel de diosa. Después de hacerlo reverenciar al sol, con un cuchillo de obsidiana, el rey o algún sacerdote de rango extraía su corazón palpitante, se lo mostraba al sol con su brazo extendido; depositado en un recipiente, la sangre del corazón también era rociada en dirección al sol. A veces al prisionero se le daba el privilegio de luchar antes de su muerte, en una lucha siempre bastante desigual, como si sólo un milagro o una fuerza sobrenatural pudiese salvarlo (amarrado a una piedra central, debía enfrentar uno a uno a cuatro guerreros igual de armados que él).

En muchos otros lugares del planeta se practicaba el canibalismo. La tortura del prisionero era algo más o menos frecuente, torturas muy crueles en algunos casos. Pero también existía en las agrupaciones caníbales pre-estatales la costumbre de mimar a la víctima, engordarla, darle mujeres (sobretodo cuando la captura de prisioneros no era muy frecuente). La gran pregunta del porqué no esclavizaban a sus víctimas (porque la esclavitud parece ser patrimonio predominante de las sociedades estatales) se responde afirmando que no existía ni la riqueza ni el sistema productivo y productivista de las sociedades estatales. La tortura es explicada como “matar mil veces” a la víctima, como una manera de vengarse en él de todo su pueblo, pero también porque la tortura fue siempre un gran espectáculo, “un entretenimiento” en muchas culturas; al mismo tiempo como didáctico: “éstas sociedades tenían que enseñar a sus jóvenes a mostrarse implacablemente brutales con sus enemigos en el campo de batalla. Es más fácil aprender estas lecciones cuando se comprende que el enemigo le hará a uno lo que uno le ha hecho a él en el caso de caer en sus manos”.

Teorías antropológicas han propuesto la teoría del canibalismo y el sacrificio institucional (entre los aztecas podían llegar a sacrificarse miles de un humanos en unos pocos días) como una medida de control poblacional. Pero Harris la desmiente argumentando que matando hombres no se saca nada; si de verdad el fin era el control poblacional se habrían sacrificado sobretodo mujeres (sin mujeres, o con pocas mujeres, no podría haber sobrepoblación). Harris está más bien de acuerdo con la teoría del canibalismo institucional y sistemático como necesidad protéica (teoría de Harner). El ecosistema mesoamericano proveía nulas fuentes de proteína animal y la proteína vegetal pareció ser siempre insuficiente. “Los ancianos, … reclamaban el cadáver y lo llevaban nuevamente al recinto del propietario (por que cada sacrificado tenía un dueño) donde lo cortaban y preparaban los miembros para cocinarlo; la receta favorita era un estofado condimentado con pimientos y tomates. De Shagún afirma que ponían flores aromáticas en la carne. También sostiene que los sacerdotes recogían la sangre en una vasija de calabaza y se la entregaban al propietario. Sabemos que el corazón era colocado en un brasero y quemado junto con incienso copal, aunque no está claro si se convertía o no en cenizas…el cráneo terminaba exhibido… el tronco (despostado) era arrojado a los mamíferos, a las aves y a las serpientes carnívoras del zoológico real (después de haber alimentado a los numerosos integrantes humanos del zoo)”.

“¿Porqué sólo en Mesoamérica los dioses alentaron el canibalismo? Como propone Harner, creo que debemos buscar la respuesta tanto en los agotamientos específicos del ecosistema mesoamericano bajo el impacto de los siglos de intensificación y de crecimiento demográfico, como en los costos y beneficios de utilizar carne humana como fuente de proteínas animales a falta de opciones más baratas…Si este análisis es el correcto, debemos considerar sus implicaciones inversas, es decir, que la disponibilidad de especies animales domesticadas jugó un papel importante en la prohibición del canibalismo y en el desarrollo de religiones de amor y misericordia en los estados e imperios del viejo Mundo”.

El canibalismo era una actividad sistemática y ritual en el México prehispánico y durante el Neolítico prácticamente en toda Europa, según ha constatado un equipo de antropólogos tras el estudio de las marcas que su práctica dejaba en los huesos humanos.

Así lo explicó el director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad española de Granada, Miguel Botella, que efectúa esta investigación en colaboración con expertos de la Universidad Autónoma de México y el Instituto de Antropología mexicano.

Desde finales del 3,000 al 2,500 antes de Cristo, el canibalismo era común en toda la cuenca mediterránea europea y en Finlandia, y la carne de los fallecidos se tomaba tras hervirla unas tres o cuatro horas, “tal vez para asimilar sus características”, dijo Botella. Los huesos estudiados, con marcas de cuchillos y de dientes humanos y procedentes de hombres, mujeres y niños, aparecieron en basureros mezclados con restos de los animales que conformaban su dieta, lo que constata el canibalismo en el Neolítico, especialmente en un periodo del que apenas se han encontrado sepulturas.

Sólo en Granada se han encontrado 11 lugares donde esta práctica era “habitual”, pero también son numerosos en la fachada mediterránea del resto de España y en Europa.

En cuanto a las culturas mesoamericanas, los más de 20 mil restos óseos estudiados por estos expertos han demostrado que el canibalismo era “sistemático” en toda América, lo que “posiblemente indica que lo llevaron los humanos que pasaron el estrecho de Bering cuando ocuparon el continente por primera vez”.

El antropólogo señaló que en el México prehispánico, tras los sacrificios rituales en los que se ofrecían los corazones de la víctima a las deidades, el resto del cuerpo se cocía con maíz y era repartido entre todos los participantes en el acto “como en la comunión cristiana” o sólo entre determinados sacerdotes.

“Ocurría como en las actuales corridas de toros, donde todo sigue un ritual, pero una vez que muere, el animal es carne”, manifestó Botella.

En la investigación se han recabado recetas de cocina de carne humana que recogieron los frailes españoles durante su labor evangelizadora tras la Conquista, que señalan que nunca se tomaba asada y que era habitual añadirla al pozole, un guiso típico mexicano en el que hoy se usa carne de cerdo o de pollo.

Según el testimonio de uno de estos frailes, la carne humana “sabía como la del cerdo”, de ahí que, tras ser prohibido su consumo durante la cristianización de los indígenas, fuera sustituida por el puerco.

La manipulación de los cuerpos humanos para su ingesta —cortes, desuello, descarnado o cocción, entre otros— dejó marcas en los huesos, analizados por estos expertos, que han permitido determinar “la metodología utilizada en lo que constituían acontecimientos ritualizados”.

Botella subrayó que es “interesantísimo” comprobar que las descripciones de estos rituales por parte de los frailes españoles “corresponden con las marcas de los huesos estudiados”. El equipo de investigadores, que lleva 10 años en este estudio, trabaja ahora en “unir las celebraciones de las que hablan los frailes españoles con las evidencias de canibalismo”.

Otra muestra de que el canibalismo era “sistemático” es que este antropólogo ha estudiado en la ciudad mexicana de Guadalajara más de dos mil herramientas hechas con huesos humanos, desde punzones a arpones pasando por instrumentos musicales, lo que evidencia “una industria artesana establecida”. Es decir, el cuerpo humano no sólo sirvió para alimentar a esos pueblos, sino que generó una industria del hueso, que era considerado “el mejor material para las herramientas”.

Basado en:
Caníbales y Reyes. Los orígenes de la cultura.
Marvin Harris